‘Fogones Lejanos’, los sabores del mundo llegan este domingo a Cuatro

Recorrer destinos remotos y conocer los secretos de la gastronomía local es la tentadora propuesta de “Fogones lejanos”, el nuevo programa de Cuatro para la noche de los domingos. Producido por Cuatro en colaboración con Molinos de papel, “Fogones lejanos” intentará mostrar a los espectadores, a partir del próximo 20 de julio (22:30h), los sabores de distintas ciudades del mundo.

Acompañados de grandes cocineros asentados en los más variopintos rincones del planeta, algunos de ellos de gran prestigio mundial, y de otros guías locales, el equipo de “Fogones lejanos” conducirá a los espectadores no sólo por la tradición culinaria imprescindible de cada lugar, sino por los rincones más especiales para descubrir distintas recetas, sabores e ingredientes, algunos inimaginables en la despensa de las cocinas del mundo occidental. El programa mostrará así las recetas que se han convertido en referentes de todo un país, como el cebiche peruano, la feijoada brasileña o el nabe japonés, junto a guisos menos conocidos que también forman parte de la cultura gastronómica de cada nación.

“Fogones Lejanos” también entrará en los restaurantes más pintorescos de ciudades y de pueblos, lugares únicos en su género. Mercados, granjas, puertos, ganaderías, restaurantes con estrellas Michelin, bares, escuelas de cocina, barcos, casas particulares, puestos callejeros, cocinas clandestinas y hasta enormes grúas en las que se cocina y se come son algunos de los enclaves recorridos por el programa.

El mundo a través de sus fogones

Las buenas celebraciones siempre están asociadas a la buena comida, en todas partes del mundo. En cada programa de “Fogones lejanos”, la celebración de un rito o una fiesta servirá para conocer su cultura gastronómica, el plato que hace de esa fiesta un evento único.

En Argentina, el mayor consumidor de carne del mundo y con más pizzerías por habitante que en Italia -consumen 39.000 pizzas al día-, los espectadores conocerán el secreto de las empanadas de Maru Botana, toda una celebridad de la televisión rioplatense.

En el rico Dubái, donde se importa el 70% de lo que se consume y a pesar de las restricciones alimenticias impuestas por la religión musulmana, su cocina es una fusión de Oriente y Occidente. “Aquí se puede encontrar jamón ibérico a 1.000 euros el kilo”, explica Mariano Andrés, hermano del famoso cocinero José Andrés. En Nueva York, donde pocos cocinan en casa, se podría estar comiendo en un restaurante distinto cada día durante 50 años en cualquiera de sus 20.000 establecimientos.

En Perú, la cocina es el segundo orgullo nacional por detrás del Machu Pichu y los niños prefieren ser cocineros a futbolistas. En uno de los mejores destinos gastronómicos del mundo, los espectadores conocerán la alta cocina limeña de la mano de Gastón Acurio, junto al tradicional “pachamama” de los indígenas. En Río de Janeiro, el programa entrará en la cocina de las favelas y mostrará por qué se han convertido en el eje del turismo y la gastronomía. El mejor zumo de açai, fruto de una palmera que únicamente crece en el Amazonas, se puede tomar en una de ellas, en la favela Vidigal.

Insectos y otras exquisiteces

Mientras, en Taiwán, el mejor chef occidental del país, el gallego Daniel Negreira, improvisa el nombre de cada plato “porque en España no existen los bichos que me encuentro”, comenta. En Nueva York, el chef vasco Eder Montero prueba un “balut” de Filipinas, un huevo de pato fertilizado que se cuece y se come con el embrión dentro y que es muy valorado en la alta gastronomía. Los cocineros españoles en México comen hormigas, saltamontes y gusanos vivos con frecuencia, forma parte de la cultura prehispánica que convierte esta comida típica mexicana en una de las de mayor valor proteico del mundo.

En Italia, Vicente, un barman de élite, se sorprende con el “casu marzu”, un queso lleno de larvas muy consumido en el mundo rural de Cerdeña. En Kenia, Mauricio, un chef italiano que vivió en España, come carne cruda con los guerreros masáis para sentirse como un auténtico guerrero.

Monos camareros y restaurantes insólitos en Tokio, primer destino del programa

La primera entrega de “Fogones Lejanos” se traslada hasta la metrópoli nipona. En la capital del sushi se puede comer de todo las 24 horas; “Tokio es una ciudad frenética, hay que comer rápido” dice Rubén, un maitre barcelonés en la ciudad con más restaurantes y estrellas Michelin del mundo. Sashimi de pez vivo “que sigue coleteando en el plato” o semen de pez globo son algunos de los platos que pueden encontrarse en algunos establecimientos de la ciudad, donde incluso existe e incluso un restaurante servido por monos camareros “que hasta predicen el futuro”.

Chiqui, un chef sevillano, que fue para un año y lleva casi veinte y que no le gustaba el pescado crudo, ahora lo adora gracias a los suculentos peces que puede encontrar en la lonja de Tsukiji, la más grande del mundo, como corresponde al primer consumidor de pescado del mundo. Competirá con el chef alicantino José Manuel por encontrar el restaurante más peculiar entre los más de 160.000 que pueblan la ciudad. En su competición degustarán lo más rico que puedan ofrecer establecimientos ambientados en cárceles o el mundo ninja y comerán pulpo vivo. También, encontrarán un restaurante servido por monos camareros “que hasta predicen el futuro”.

La innovación y la modernidad conviven con la tradición. Pepito, un cocinero japonés de un restaurante español, visita a la familia Oba. Cenan temakis, un tipo de sushi que se prepara cada comensal con sus propias manos, sin instrumentos de cocina y que también preparan como ofrenda a sus antepasados. El programa también dará a conocer el secreto del nabe, una especie de cocido japonés que, como en España, se degusta rodeado de toda la familia.

“Soy feliz aquí”, dice Gonzalo Álvarez, un chef criado en Barcelona que en la antigua casa de un conde ha montado su restaurante que cuenta desde 2008 con una estrella Michelin. Prepara la tradicional sopa de miso, con algas, cangrejo y soja, pero con su personal toque de alta cocina. Entre tantas estrellas Michelin hay espacio para espectáculos de luz y color en el Restaurante Robot, una especie de cabaret tecnológico en el que se invirtieron cien millones de euros para crear un gran espectáculo mientras se come.