El “Gran Hotel” echa el cierre: Gracias por su visita


El “Gran Hotel” cierra de forma permanente. Nos enteramos de la noticia hace un par de semanas, por boca de la propia Antena 3 y en los siguientes días se confirmó vía redes sociales por muchos de los responsables de la productora y los actores de la serie. Después de tres temporadas de éxito entre crítica y público, la serie llegará a su fin con un desenlace cerrado.

Para éste primer artículo que firmo en Mizonatv, me gustaría hacer balance de los logros y fracasos de una de las producciones de referencia en lo que va de década en nuestra televisión. Y como buen establecimiento hotelero, valoraremos a la serie concediéndole estrellas según su calidad.

1ª Estrella: La temática

El primer reconocimiento viene por la acertadísima elección del tema. Recordemos que antes de comenzar la emisión, en los mentideros televisivos se hablaba de “Gran hotel” como el “Downton Abbey” español… y nada más lejos de la realidad. En un claro ejemplo de su habilidad para reinterpretar y darle la vueltas a fórmulas de éxito, la gente de Bambú Producciones (con Ramón Campos y Gema Neira a la cabeza de la creatividad) supieron crear una historia de época (ambientada en un marco histórico de moda y con atractivo) en la que tenían lugar una trama de corte detectivesco con un trasfondo romántico. Una mezcla de géneros poco frecuente en nuestra TV y que sin duda le otorgaba a “Gran Hotel” un carácter propio y alejado de todas sus competidoras.

Te puede gustar o no, pero es una serie que sabe de qué va y no olvida en ningún momento lo que te quiere contar.

2ª Estrella: La producción

La segunda estrella se la lleva gracias a su factura técnica. Es este aspecto, y sin duda alguna, la producción de “Gran Hotel” supone un salto de calidad respecto a la media nacional en ficción. Por una vez nos encontramos con una serie española cuya fotografía llama la atención por buena y no por mala (y eso requiere horas de trabajo): no sólo es una iluminación hermosa, sino que está diseñada acorde al guión y sirve para reforzar estados de ánimo de personajes o tono de escenas; un diez al respecto.

Por su parte, la dirección de arte brilla en un entorno propicio en el que lucirse, con una puesta en escena que nada tiene que envidiar a otras series foráneas de semejante factura. El vestuario, verosímil y variado, nos ayuda a situar a los personajes no sólo por posición social, sino también por gustos y apetencias personales. La única pega, a mi entender, podría estar en la peluquería… ya que demasiadas veces me he preguntado a mi mismo porqué llevan las protagonistas esos pelos tan enmarañados en semejante entorno de lujo y riqueza (pero quizás por mucho lujo y riquezas que hubiera, a principios de Siglo XX era difícil andar bien peinado todo el día; pudiera ser).

Y además el diseño de producción ha sido desde el primer momento un trabajo muy bueno. La serie cuenta con una cantidad de escenas en exteriores poco habitual en la ficción nacional, las localizaciones son todas hermosas y llaman la atención, se atreven con pequeñas secuencias de acción (como las peleas del bar de Cantaloa) o persecuciones, etc. Para que todo ello fuera posible, en Bambú y Antena 3 han sabido plantear, sabiamente, temporadas más cortas de lo habitual en este país (tirando más hacia el modelo de producción inglés), decisión que al final ha demostrado ser todo un acierto.

3ª Estrella: El reparto

Esta tercera condecoración la vamos a otorgar en función de las actuaciones. A este respecto encontramos luces y sombras que hacen difícil enjuiciar globalmente al elenco artístico; aun así, la balanza se inclina en positivo dado que son más los interpretes que destacan a los que lo hacen peor.

Desde luego si alguien brilla en el reparto de “Gran Hotel” son sus secundarios. La serie nos ha regalado descubrimientos como el genial Pep Antón Muñoz (hasta la fecha dedicado principalmente al doblaje) en el papel del detective Ayala, el entrañable Llorenç Gonzalez como Andrés o, más recientemente, la brillantísima Megan Montaner interpretando a Maite. Eloy Azorín, Luz Valdenebro o Fele Martinez son también dignos de mención en este apartado, por haber construido personajes creíbles y con los que la audiencia se identifica en uno u otro sentido. Sus intervenciones han sido, en muchas ocasiones, lo mejor del capítulo sin ninguna duda.

En el caso de los protagonistas, han destacado con más fuerza dos grandes damas de la interpretación como Adriana Ozores y Concha Velasco, con actuaciones cargadas de fuerza y matices. Yon González ha mostrado ser un galán solvente y con recorrido; si bien sus dotes interpretativas aun no están a la altura de su imponente físico y atractivo, se nota que pronto lo estarán. Los que menos han dado el tipo, en mi opinión, son algunos de los villanos de la serie: Pedro Alonso como Diego Murquía resulta un antagonista un poco decepcionante y María Larralde no ha sido capaz de sacar todo el jugo que ofrecía el papel de Belén… dejamos para el final a Amaya Salamanca, protagonista femenina de la serie que, a pesar de su evidente magnetismo en pantalla, nos deja la sensación de haberse quedado en un aprobado raspado en un papel que permitía haberse lucido sacando una nota incontestable.

4ª Estrella: Las historias

Llegamos a la barrera que distingue los productos correctos de los de categoría superior, y este cuarto reconocimiento se lo llevan los guiones de la serie.

Como toda ficción nacional “Gran Hotel” se asienta sobre una potente historia de amor. En este caso ha sido buena y con ingredientes que llevan siglos funcionando (la diferencia de clase social de los enamorados, ella es presa de un matrimonio con un hombre malvado, etc.) pero no es menos cierto que se ha estirado en demasía: transcurre mucho tiempo para que pase muy poco entre Alicia y Julio y esto les ha llevado a caer en incongruencias habituales que se pasaban por alto mirando hacia otro lado. Básicamente me refiero a dos: si realmente el amor era lo primerísimo y fundamental para ellos, se hubieran fugado en alguna de las muchas veces que se lo plantean; y por otro lado, la forma de mantener su relación secreta en el hotel era insostenible y Diego o cualquiera de los otros personajes les habría pillado cuchicheando o intimando medio millón de veces…

Mejor tratamiento ha tenido la trama de misterio, por novedosa y por que presentaba muchos más giros y sorpresas. Aunque a veces hemos presenciado reiteraciones e incongruencias, la verdad es que la mayor parte del tiempo los espectadores hemos seguido con atención e interés las distintas investigaciones de los protagonistas, nos hemos sorprendido con los secretos revelados y hemos sufrido por los peligros que acechaban tras las puertas de muchas habitaciones del hotel.

Sin embargo, la parte de los guiones que ha resultado más entretenida ha terminado siendo la de menor peso. Me refiero a las pequeñas historias personales que, bien a base de humor o de relaciones amorosas, han logrado enganchar al público y hacer que le cojan cariño a muchos de los Alarcón y sus empleados. A lo largo de estas tres temporadas hemos reído con las aventurillas del inútil de Javier y sus líos de faldas o dinero, hemos entrado en la intimidad de un matrimonio como el de Alfredo y Sofía (que con sus luces y sombras no deja de luchas por salir adelante), hemos presenciado la lucha por ascender laboralmente con Belén y Doña Ángela, o con Diego, Alfredo y Doña Teresa. Incluso la imposible pareja de detectives con el bobalicón de Hernando haciendo de contrapeso para Ayala ha sabido ganarse el corazón de muchos seguidores y fans. No cabe duda de que sin todas estas historias personales la serie no habría sido ni la mitad de brillante.

5ª Estrella: Un producto sin fronteras

La última y más importante estrella que le concedo al “Gran Hotel” viene de la mano de su éxito internacional. No deja de sorprender que una ficción española logre interesar a mercados extranjeros y se venda, tras una sola temporada a cadenas de televisión de Inglaterra, Francia, Rusia y Turquía. Entrar en mercados tan dispares y tan cerrados es una muestra inequívoca de la calidad de un producto audiovisual y un orgullo para los responsables de la serie.

La importancia de este hecho es mayor en estos tiempos de incertidumbre para el sector y abre un camino a lo que debe ser la producción de contenidos en el futuro más inminente, dadas las características de la distribución y el consumo de series en el mundo de hoy. Si los países nórdicos, la potente industria británica o, más recientemente, la francesa están comenzando a producir pensando en mercados globales ¿Por qué no vamos en España a hacer lo mismo?

Hasta aquí este resumen calificativo de lo que ha supuesto “Gran Hotel”. Esperemos que muy pronto podamos disfrutar de nuevas historias de la mano de esa gran productora que es Bambú, para que ocupen la habitación vacante que ha quedado en nuestro panorama seriéfilo. De momento, aun queda disfrutar con el desenlace de la serie y con su recuerdo, que durará por muchos años.

¡Hasta que nos leamos!