Vida y muerte en la arena este domingo en ‘Viajando con Chester’, con Fran Rivera y María Belón


Un estruendo. El clamor. Un grito que se ahoga. Un silencio ensordecedor. Hay dolor. Hay rabia. Y repentinamente, hay un final. O no. La vida se abre paso de golpe, con una nueva oportunidad. La sangre y la muerte quedan sobre la arena. Maria Belón y Francisco Rivera Ordóñez lo saben perfectamente.

Ella, junto a su familia, sufrió en primera persona las devastadoras consecuencias del tsunami que arrasó el sudeste asiático en las Navidades de 2004. Él, maestro taurino prácticamente desde la cuna, lidia con la muerte desde hace décadas en los ruedos. Ahora se suben a bordo de Chester, para contarle a Risto cómo se vive la vida “A toro pasado”, este domingo a las 21.30 h, en Cuatro.

Maria Belón: “Hay un momento en el que piensas que lo que se te está viniendo encima es un monstruo inmenso”

Su historia de supervivencia dio la vuelta al mundo en 2004. La española María Belón y su familia consiguieron sobrevivir a la mayor catástrofe natural de los últimos tiempos, el brutal tsunami que el 26 de diciembre asoló las costas del sudeste asiático. Los cinco integrantes de la familia consiguieron escapar de la muerte pese a ser arrastrados kilómetros y kilómetros por una descomunal ola de tierra y escombros que destrozó países enteros, modificó paisajes y destruyó los sueños y deseos de decenas de miles de personas.

Años después, el cineasta J.A. Bayona relató su aterradora experiencia en “Lo Imposible”, la cinta más taquillera de la historia del cine español hasta la llegada de “Ocho Apellidos Vascos”, y todo un hito cinematográfico protagonizado por Naomi Watts y Ewan McGregor.

Coincidiendo con el estreno de la película en Telecinco el próximo martes 18 (22:00 h), María se embarca en “Viajando con Chester” para relatar su extraordinaria historia de supervivencia. “¿Cómo te puedo explicar cómo suena un tsunami?”, se pregunta María ante un desconcertado Risto. “Yo no he estado en el fin del mundo, pero si un día se abre la Tierra estoy segura de que va a sonar muy parecido. Muy parecido. (…). Hay un momento como de negación, de que lo que se te está viniendo encima es un monstruo inmenso. Inmenso”.

Su testimonio continúa relatando los minutos infernales que transcurrieron desde que el muro de agua la arrolló hasta que logró sacar la cabeza del agua y volver a respirar. “¿Cuánto se tarda en gritar ‘¡Kike, los niños!’? Pues eso. Ya. Ese fue el tiempo que tuve antes de la ola. Luego golpes y golpes y golpes y golpes. Asfixia, ahogo. Ganas de morirte. Muchas ganas de morirte. Piensas en qué es esto, que no puede ser, que tiene que ser una broma. Muchos golpes, mucha angustia, mucha oscuridad. Muchísimo descontrol. No sé qué es arriba, no sé qué es abajo, no sé qué es negro, no sé qué es blanco. No sé qué coño hago aquí metida”.

La narración de María prosigue con los momentos en los que consiguió sacar a su hijo de la corriente de agua que les arrastraba sin control (“Él me vio muy a lo lejos y me gritaba: ‘Mamá, mamá, sácame de aquí”), el shock posterior al tsunami (“Estábamos en un hospital, y hubo un segundo aviso. Todo empezó a temblar. Mi hijo me miró y le dije ‘¿Qué hacemos? ¿Nos morimos juntos?’. Entonces se subió a la cama, se acurrucó a mi lado y nos abrazamos”) y su peregrinar días después buscando a su familia.

“Tardamos un tiempo en volver al mar (…) Volvimos, pero hay que recolocarse. Volvimos al cabo de un año, era 26 de diciembre, en la Costa Brava. No nos bañamos, tan sólo tocamos el mar”, resume.

Francisco Rivera: “Mi madre, la noche antes de mi boda con Eugenia, me dijo: ‘Fran, coge un coche, un avión y vete. No te cases mañana”. Su vida ha transcurrido entre las plazas de toros y las revistas de crónica social. Hijo de torero, exmarido de duquesa, y primogénito de una casta de hermanos tan mediáticos como lo fue su madre. Francisco Rivera Ordóñez se sube a un Chester que impone casi tanto como un Miura en la plaza de Las Ventas. Y por supuesto, no sólo de toros y antitaurinos girará la conversación: “Yo no soy ningún asesino, soy un torero”.

También entrará a matar en terrenos más personales, y sus reflexiones más íntimas no faltarán en una charla que dejará a muy pocos indiferente. En especial, en lo referente a Carmina Ordóñez y su muerte: “Mi madre nunca admitió su adicción. Yo lo hago y lo hago públicamente, porque quiero con estas declaraciones intentar ayudar a familias que lo están sufriendo en su casa (…) Me enfrenté a mi madre, estuve un año sin hablarme con ella por muchísimas cosas que te hacen daño, a lo mejor inconscientemente, pero que hacen daño”.

Francisco Rivera hablará de los recuerdos que atesora de su padre, el también torero Francisco Rivera: “A mí me encantaba irle a ver a la plaza. Era un superhéroe, con esa fuerza… Y me costó asumir su muerte. Desde ese día lo echo de menos, todos los días”. También habrá sitio para acontecimientos más recientes, como su boda con la duquesa de Montoro, Eugenia Martinez de Irujo: “Mi madre, la noche antes de mi boda, me dijo que no me casara. Me dijo: ‘Fran, coge un coche, coge un avión y vete y no te cases mañana (…) No pasa nada, yo me quedo aquí a dar la cara y esto dentro de un mes se ha olvidado”.

En definitiva, una vida marcada por la fama y la presencia mediática: “El éxito, cuando te llega muy joven es complicado de asimilar. Y yo me lo creí. Era torero, ganaba dinero, tenía fama, me conocían en todos los sitios… Perdí el norte. Te crees que estás por encima del bien y del mal”.