‘Pesadilla en la Cocina’ viaja a los Países Bajos y se enfrenta al dueño más imprevisible


laSexta estrena mañana, en prime time, una nueva entrega de Pesadilla en la Cocina, donde Alberto Chicote se vuelve a embarcar en una misión internacional y viaja hasta Utrech, pintoresca ciudad de los Países Bajos, para visitar el ELE, un restaurante español que después de años de éxito y gloria comienza a hacer aguas.

El local está regentado por un extrovertido paraguayo con raíces españolas, amante del flamenco y a veces más entusiasmado en montar su singular espectáculo –él lo llama dinner show– que en controlar el negocio. Será el dueño más imprevisible de la temporada, capaz de cantar subido a las mesas o impedir el paso de los camareros mientras dura su actuación entre mesa y mesa.

A pesar de estar situado en una de las zonas más turísticas de la ciudad, que anualmente atrae a miles de visitantes, el restaurante se encuentra hoy en una complicada situación que puede llevarlo al cierre, algo que para su dueño significaría también el cierre de todo un sueño.

Los inicios del ELE fueron todo un éxito, lo que les llevó incluso a ser testigos de colas en el exterior del local para poder entrar a cenar. Pero hoy el restaurante cae en picado y Fermín, que antes ejercía de ingeniero y cuyo conocimiento de hostelería era nulo, no sabe encontrar el por qué. Sin embargo, sus empleados, una plantilla inexperta y no dirigida, lo tienen bastante más claro.

Están convencidos de que el problema es la falta de organización de su dueño y la falta de profesionalidad en sala y en cocina. Las actuaciones de Fermín colapsan el servicio, algunos clientes se sienten incómodos ante la fiesta en la que el dueño convierte lo que creían que sería una agradable velada y la cocina es un auténtico caos en el que algunos de sus cocineros desconocen los platos.

Alberto Chicote llegará a Utrech para intentar salvar uno de sus rincones­­ más genuinos, pero no le resultará sencillo. Las cosas se pondrán tensas en la ciudad de los canales y el bien más preciado del dueño del ELE acabará pasado por agua.