‘Pesadilla en la Cocina’, ante un visceral cocinero y un dueño dominado por la apatía y la desgana

laSexta estrena este jueves, en prime time, una nueva entrega de ‘Pesadilla en la cocina’ con Alberto Chicote. El programa visita el Baltias, un restaurante situado en un barrio residencial madrileño, regentado por un visceral cocinero y un dueño dominado por la apatía y la desgana. Su cocina no está a la altura, su propietario ha perdido las ganas y el negocio sufre la desorientación de un servicio sin rumbo

El Baltias abrió sus puertas hace menos de un año pero, de seguir así, se verá abocado al cierre irremediablemente. Su cocina es más pretenciosa de lo que debiera. Y su cocinero, demasiado tozudo para aceptar que ni su cocina es un dechado de limpieza ni sus platos un ejemplo de buen hacer culinario. Así es Baltias, el restaurante que visita esta semana ‘Pesadilla en la cocina’ y en el que Alberto Chicote vivirá momentos extremos en los que la presión y los nervios jugarán malas pasadas.

Todo comenzó un año atrás cuando Luis, encargado de restaurante de larga trayectoria, decidió abrir su propio restaurante junto a su pareja Esther, sin experiencia alguna en restauración. Pero las cosas no fueron como habían planeado y menos de doce meses después el Baltias se encuentra en una situación lamentable que sólo apunta al cierre del negocio si no se toman de forma inmediata las decisiones adecuadas. Hoy Luis está completamente desmotivado, se bloquea ante cualquier problema y no sabe responder con firmeza. Por su parte, Esther parece tomarse el negocio a broma y en ocasiones se comporta como una niña pequeña ante los más mínimos contratiempos. Y por si fuera poco, la cocina es territorio exclusivo de Ronal, un cocinero que dice amar los fogones pero cuyo concepto de limpieza y profesionalidad están muy lejos de lo convenido. Un chef cuya visión del negocio es muy distinta de la de su dueño y cuyo desorden y dejadez lo dejan en continua evidencia.

Alberto Chicote tendrá que hacer lo imposible para despertar a Luis de su apatía y desgana, corregir los errores heredados en el servicio y la cocina así como dar con una carta acorde a las apetencias de sus vecinos. En el camino encontrará alguna que otra cucaracha, escuchará a clientes calificar de “podrida” la comida que se sirve en el Baltias y tendrá que lidiar con un jefe de cocina dispuesto a llegar a la manos si la ocasión lo merece.