‘Pesadilla en la cocina’ se enfrenta este lunes a la dejadez de tres hijos


La familia ¿siempre unida? Pesadilla en la cocina regresa de nuevo a Barcelona, el lunes en el prime time de laSexta, para asistir al asombroso caso de El Edén, un restaurante familiar capitaneado por un matrimonio y sus tres hijos que pese a tener una buena cocina está al borde del desastre.

Ellos desconocen el motivo pero sólo será necesario un servicio de comidas para que Alberto Chicote descubra por qué El Edén ha caído a los infiernos, perdiendo clientes a pasos agigantados y acercándose al abismo: hay más jefes que empleados, más órdenes que disciplina y, sobre todo entre los tres hermanos, mucha más desidia que ganas de trabajar. Su dejadez hace que sus padres, en edad ya de jubilarse, tengan que trabajar duro cada día para que ellos puedan mantener sin demora un digno sueldo mensual.

A pesar de ser cinco los dueños del restaurante, en El Edén sólo trabajan los padres y los empleados. Los hermanos se esconden tras excusas disparatadas, tienen una malísima relación entre ellos y su actitud en cada servicio es bastante reprobable. Sus padres admiten que de no ser familia hace ya mucho tiempo que les habrían invitado amablemente a no volver más a trabajar allí. En El Edén, en cada servicio de comida se evidencia la desidia de los hermanos, los malos modos entre ellos y su caótica organización, lo que provoca el rechazo de los clientes por no encontrar un ambiente cómodo y amable en el que disfrutar de la comida y de la compañía.

Se traspasa

Aparentemente el restaurante El Edén lo tiene todo para triunfar. Está una zona privilegiada del barrio de Sants, en Barcelona. La cocina, a pesar poder mejorar en algunas cosas, es bastante buena. Y los cinco dueños, un matrimonio y sus tres hijos, gozan de una gran experiencia en el negocio. Sin embargo los clientes han desaparecido y los padres de la familia, que ya deberían estar disfrutando de una agradable jubilación, son los que sostienen el restaurante con su trabajo y esfuerzo constantes. Demasiados jefes para tan pocos empleados.

Demasiados egos, demasiadas excusas y demasiada desidia. Porque en esta sociedad que es El Edén, el reparto de responsabilidades no es equitativo: la madre lo hace casi todos y los hijos se han vuelto tan cómodos que ya no saben organizar absolutamente nada, lo que convierte a los hermanos en un equipo desordenado y caótico, incapaz de sacar adelante un solo servicio.

La hermana trabaja en el restaurante por obligación y piensa en cualquier cosa menos en sus tareas. El hermano mayor, y el más profesional, para más tiempo criticando a sus hermanos que atendiendo las necesidades de El Edén. Y al hermano pequeño sólo le interesan las redes sociales y dedica prácticamente todo el día a imprimir el menú, contestar a los correos o tweets que le llegan y contabilizar los “me gusta” de la página de Facebook del local.

Desesperado ante tanta incompetencia y con la complicidad de los padres, Alberto Chicote decide por primera vez poner un anuncio de traspaso de El Edén en una inmobiliaria. Una medida extrema que, espera, pueda conseguir que los hermanos abran los ojos y cambien su actitud.

Cristina, de El último Agave, el padre e hijo del Vivaldi y las hermanas del Nou Set acuden en ayuda de El Edén

Alberto Chicote se enfrentará a una dura tarea si quiere devolver a El Edén el espíritu con el que los padres inauguraron el restaurante y hacer del negocio familiar un negocio de éxito y, sobre todo, con beneficios. Durante la aventura, y debido a los obstáculos que el chef tendrá que sortear en este caótico negocio familiar, Chicote tendrá que recurrir a Cristina “La cuqui” de El último Agave y a otros antiguos protagonistas de Pesadilla en la cocina, como la tierna pareja de padre e hijo del italiano Vivaldi o las reconciliadas hermanas del Nou Set, para que ayuden a que El Edén recupere el rumbo. Quizás entre todos consigan que la “troupe” de El Edén consiga cambiar de actitud, disfrutar de su trabajo y recuperar el rumbo de sus negocios.