‘Pesadilla en la cocina’ se enfrenta a un restaurante convertido en un bar de copas


Amigos desde la época de la movida madrileña, durante 30 años gestionaron con éxito diversos locales del mundo de la noche. Ahora, se han hecho cargo de un restaurante ubicado en una de las mejores zonas de Madrid. Sin embargo el negocio no funciona. Ellos no saben por qué pero en la próxima edición de Pesadilla en la cocina, que laSexta emite el lunes a partir de las 22.30 horas, descubrirán que la dejadez, la improvisación y la gestión de un local hostelero de la misma forma que se gestiona un bar de copas es la mezcla perfecta para caer en el fracaso de una forma vertiginosa.

En el restaurante “Alcalá 125” Alberto Chicote se enfrenta a dos socios y amigos que pensaban que abrir un negocio hostelería era pan comido pero que ahora descubren su complejidad y son incapaces de gestionar pedidos, manejar a un equipo grande de empleados, conquistar y fidelizar a los clientes… Dos propietarios que han caído en un oscuro pozo de abandono y frustración, incapaces de llevar adelante un restaurante con mucho potencial.

Un restaurante sin reglas y una cocina con demasiado carácter

Lo que parecía una gran idea, abrir un restaurante en una privilegiada zona de Madrid después de haber triunfado durante años en el mundo de la noche, se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza. Los dos propietarios del “Alcalá 125”, amigos desde hace décadas pero completamente opuestos en su manera de dirigir un negocio, no pueden asumir el mando de un restaurante debido a la dificultad de su gestión.

Tras intentar imponer sus maneras y aceptar el fracaso han decidido abandonarse a la improvisación y acudir diariamente a Alcalá 125 como meros observadores, sin tomar ninguna decisión y complicando el trabajo del resto de sus empleados debido a la desorganización.

A esta crítica circunstancia se le suma la caótica situación de la cocina, comandada por un autoritario cocinero con demasiado carácter que se niega a asumir su responsabilidad a pesar de su devoción por las dotes de mando. Debido a la ausencia de sus jefes, Pedro el cocinero aprovecha el vacío de autoridad para dar órdenes, mandar y hacer las cosas a su manera a pesar de no estar justificadas.

Sin embargo, cuando hay algún error, se escuda en que él es un simple ayudante de cocina que se ha visto abocado a ejercer de jefe de cocina a pesar de no estar capacitado para ello ni percibir el salario que, de serlo, debería tener. Además, su carácter no pone las cosas fáciles en el “Alcalá 125” y Alberto Chicote presencia algunos de los enfrentamientos más tensos de la temporada entre un dueño y su empleado.

Ante el caos generalizado que reina en sala y cocina de “Alcalá 125”, Alberto Chicote tendrá que recurrir por primera vez a su mano derecha, un cocinero de prestigio, para que trabaje con él en paralelo y poder así enseñar y demostrar a los socios y al cocinero del restaurante cómo cocinar, cómo gestionar una cocina y cómo sacar rentabilidad a un negocio que, de seguir así, no tendrá otro destino que el cierre.