‘Aída’ dice adiós y despedimos a los vecinos de Esperanza Sur


237 domingos son muchos domingos. Son 237 noches compartidas con los vecinos de un barrio del que llevábamos escuchando hablar desde 7 vidas, cuando Aída García les contaba a Sole o Gonzalo los últimos delitos que habían tenido lugar debajo de su casa. Sobre todo porque la mayoría eran obra del pequeño Jonathan, que incluso antes de ponerle cara ya era uno de los delincuentes juveniles más famosos de la ficción española. La camarera del “Kasi ke no” se mudó a Esperanza Sur y nos descubrió el barrio y a un puñado de personajes a los que el público cogió gran cariño desde el primer momento, y esto es lo que ha mantenido a ‘Aída’ diez temporadas en parrilla.

¿Qué ha cambiado en ‘Aída’ a lo largo de éstas diez temporadas?

El cambio más significativo fue, obviamente, la marcha de Carmen Machi. ‘Aída’ se quedaba sin Aída, uno de los pilares fuertes de la serie, pero por suerte no el único. ‘Aída’ siguió contando las historias de Luisma, Mauricio, Chema, Paz o Soraya, quien llegó al barrio para cubrir la marcha de su madre. La mayor de los hermanos García llegó siendo una mujer triste, seria, que se esforzaba por aparentar que no había llevado la misma vida que su madre.

Tras la muerte de su marido, razón por la que Aída fue detenida y que por tanto, la obligó a abandonar Esperanza Sur, se instaló definitivamente en la familia, convirtiéndose poco a poco uno de los personajes más queridos. Se convirtió en una Soraya alegre, cursi y algo ingenua, y comenzó una relación con Chema, que sería una de las grandes historias de amor de la serie. El tendero, que siempre fue el objeto de burlas por soltero y cornudo, por fin encontró el sori-amor, y todos nos alegramos.

La otra gran historia, como no podía ser de otra manera, es la de Luisma y Paz. Él, enamorado de ella desde siempre. Ella, se dio cuenta tarde pero desde entonces ya no pudo dejar de quererle. Incluso con “obstáculos” por medio como fueron Edu y Ainhoa, al final consiguieron estar juntos. Y es que el capítulo final no terminó sólo con una boda, sino con dos, ya que en mitad de la boda de Soraya y Chema, Luisma le pidió matrimonio a Paz, que, como era de esperar, dijo que sí.

Por otro lado, y para sorpresa de todos, Mauricio acepta la oferta de Machupichu y Macu para irse con ellos a Ecuador. El Bar Reinols cierra definitivamente y lo despiden con una comida todos juntos, en la que aseguran que “algo que ha dado tan buenos momentos no cierra nunca”. Pero entre tanto brindis, alegría y despreocupación no son conscientes de lo que está pasando fuera del bar: Aidita, de 15 años, está embarazada y se escapa de casa. Tras Aída y Soraya, la historia se repite, y creo que no le podrían haber dado mejor final.

Y es que, gracias al humor, ‘Aída’ ha sabido contar de una manera estupendísima problemas reales como el no llegar a fin de mes o la supervivencia de una madre por sacar adelante a su familia. Hemos llorado con ellos, con los momentos más duros como la razón de la llegada de Soraya o la ruptura de Paz y Luisma, pero sobre todo hemos reído con ellos. Muchísimo.

Con el humor bestia de Mauricio, las canciones que cantaba Aída, las preguntas “existenciales” de Luisma, las burradas de Macu o Eugenia, la inocencia del Barajas, las bromas de Jonathan a Fidel, las respuestas que nadie en ese barrio entendía de Fidel a Jonathan, las sori-palabras inventadas de Soraya y hasta con los chistes malísimos que Chema contaba a sus clientes.

Han sido casi diez años conviviendo con ellos cada domingo y aunque se hayan ido dignamente y por la puerta grande, sin esperar a un desgaste que tarde o temprano iba a llegar, estoy segura de que los vamos a echar muchísimo de menos.


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